Él realmente pensaba que la manera correcta de hacerse rico era
robar a las otras personas; diferentes tipos de
hurto lo condujeron a la Cárcel Modelo de Cúcuta. Pero cuando
Héctor Pérez, en medio de su angustia por el encierro penitenciario, decide acudir al
auxilio divino, su manera de pensar empezó a cambiar. La
oración y
lectura de la Biblia suscitaron en él una
bondad que nunca antes hubo en su vida.