En un mundo donde el cambio es la única constante, Óscar Ochoa ha aprendido a moverse con una certeza que no se enseña en los libros: la intuición bien entrenada, la humildad para aprender, y la firmeza para decidir. Su historia no sigue la línea recta que a menudo promete la academia. Desde muy joven, aprendió que el crecimiento se da en curvas, retrocesos y saltos inesperados, y que el liderazgo no se impone, se transmite.