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Whitney, Donald S. Disciplinas espirituales para la vida cristiana. Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, 2016.
Capítulo 1.
Este informe explora el concepto de las "Disciplinas Espirituales" según se presenta en los extractos de "Las Disciplinas Espirituales: Para la Piedad". El texto aborda la necesidad de la disciplina en la vida cristiana, su propósito, naturaleza y la libertad que se deriva de su práctica, siempre enmarcado en el evangelio de Jesucristo.
El autor comienza señalando una característica central de la sociedad contemporánea: "La nuestra es una época indisciplinada. Las disciplinas antiguas se vienen abajo". En este contexto, la disciplina de la gracia es a menudo ridiculizada como legalismo o es "totalmente ajena para una generación que, en gran medida, es analfabeta en las Escrituras". Se enfatiza la urgencia de desarrollar un "carácter cristiano" resistente, el cual solo puede provenir de la disciplina.
Para ilustrar la diferencia entre la disciplina sin rumbo y la disciplina con un propósito claro, se utiliza la analogía de Kevin, un niño que practica guitarra sin entusiasmo. Su actitud cambia radicalmente cuando se le da una visión de su futuro como un "guitarrista virtuoso" en el Carnegie Hall. Esta visión le otorga a su práctica un "rumbo, una meta que lo encaminará hacia el futuro".
Aplicado a la vida cristiana, se argumenta que muchos creyentes se sienten como Kevin antes de su visión: la oración es "un trabajo pesado", la meditación en las Escrituras "parece incierto", y el ayuno es a menudo un "misterio". La clave para transformar esta percepción es entender el destino final del creyente: "ser como su Hijo" (Romanos 8:29), es decir, la semejanza a Cristo o la piedad.
Aunque la semejanza a Cristo será plenamente concedida "cuando Cristo venga" (1 Juan 3:2), el texto subraya que, mientras tanto, Dios desea que los creyentes "crezcamos hacia ella". Se cita Hebreos 12:14: "Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". La santidad, que es sinónimo de semejanza a Cristo o piedad, no es opcional.
Es crucial entender que la búsqueda de la santidad no es lo que habilita al creyente para ver al Señor. La salvación y la entrada al cielo se logran "únicamente con la rectitud que alguien más, Jesucristo, logró". Jesús vivió una vida perfecta y murió como sacrificio, y su resurrección es la prueba de la aceptación de Dios.
Aquellos que confían en Jesús reciben el Espíritu Santo, cuya presencia "hace que todos aquellos en los que él mora tengan nuevos deseos santos que antes no tenían". Estos deseos incluyen el anhelo por la Palabra de Dios y por vivir en santidad. Por lo tanto, "cuando el Espíritu Santo vive dentro de alguien, esa persona comienza a valorar y a buscar la santidad". Esto explica por qué "el que no se esfuerce por la santidad, no verá al Señor", no porque el esfuerzo salve, sino porque la ausencia de deseo por la santidad revela una falta de conocimiento genuino de Dios.
La pregunta central para el cristiano es: "¿Cómo, entonces, debo dedicarme a la santidad...? ¿Cómo puedo llegar a ser más semejante a Jesucristo?". La respuesta clara se encuentra en 1 Timoteo 4:7: "Disciplínate a ti mismo para la piedad". Este versículo es el "tema de todo el libro", afirmando que la práctica de las Disciplinas Espirituales es "el único camino a la madurez y a la piedad cristiana".
Las Disciplinas Espirituales se definen como "aquellas prácticas que se encuentran en las Escrituras que promueven el crecimiento espiritual entre los que creen en el evangelio de Jesucristo". Se detallan varias características:
By SEMBRANDO CON FE Y ESPERANZAWhitney, Donald S. Disciplinas espirituales para la vida cristiana. Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, 2016.
Capítulo 1.
Este informe explora el concepto de las "Disciplinas Espirituales" según se presenta en los extractos de "Las Disciplinas Espirituales: Para la Piedad". El texto aborda la necesidad de la disciplina en la vida cristiana, su propósito, naturaleza y la libertad que se deriva de su práctica, siempre enmarcado en el evangelio de Jesucristo.
El autor comienza señalando una característica central de la sociedad contemporánea: "La nuestra es una época indisciplinada. Las disciplinas antiguas se vienen abajo". En este contexto, la disciplina de la gracia es a menudo ridiculizada como legalismo o es "totalmente ajena para una generación que, en gran medida, es analfabeta en las Escrituras". Se enfatiza la urgencia de desarrollar un "carácter cristiano" resistente, el cual solo puede provenir de la disciplina.
Para ilustrar la diferencia entre la disciplina sin rumbo y la disciplina con un propósito claro, se utiliza la analogía de Kevin, un niño que practica guitarra sin entusiasmo. Su actitud cambia radicalmente cuando se le da una visión de su futuro como un "guitarrista virtuoso" en el Carnegie Hall. Esta visión le otorga a su práctica un "rumbo, una meta que lo encaminará hacia el futuro".
Aplicado a la vida cristiana, se argumenta que muchos creyentes se sienten como Kevin antes de su visión: la oración es "un trabajo pesado", la meditación en las Escrituras "parece incierto", y el ayuno es a menudo un "misterio". La clave para transformar esta percepción es entender el destino final del creyente: "ser como su Hijo" (Romanos 8:29), es decir, la semejanza a Cristo o la piedad.
Aunque la semejanza a Cristo será plenamente concedida "cuando Cristo venga" (1 Juan 3:2), el texto subraya que, mientras tanto, Dios desea que los creyentes "crezcamos hacia ella". Se cita Hebreos 12:14: "Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". La santidad, que es sinónimo de semejanza a Cristo o piedad, no es opcional.
Es crucial entender que la búsqueda de la santidad no es lo que habilita al creyente para ver al Señor. La salvación y la entrada al cielo se logran "únicamente con la rectitud que alguien más, Jesucristo, logró". Jesús vivió una vida perfecta y murió como sacrificio, y su resurrección es la prueba de la aceptación de Dios.
Aquellos que confían en Jesús reciben el Espíritu Santo, cuya presencia "hace que todos aquellos en los que él mora tengan nuevos deseos santos que antes no tenían". Estos deseos incluyen el anhelo por la Palabra de Dios y por vivir en santidad. Por lo tanto, "cuando el Espíritu Santo vive dentro de alguien, esa persona comienza a valorar y a buscar la santidad". Esto explica por qué "el que no se esfuerce por la santidad, no verá al Señor", no porque el esfuerzo salve, sino porque la ausencia de deseo por la santidad revela una falta de conocimiento genuino de Dios.
La pregunta central para el cristiano es: "¿Cómo, entonces, debo dedicarme a la santidad...? ¿Cómo puedo llegar a ser más semejante a Jesucristo?". La respuesta clara se encuentra en 1 Timoteo 4:7: "Disciplínate a ti mismo para la piedad". Este versículo es el "tema de todo el libro", afirmando que la práctica de las Disciplinas Espirituales es "el único camino a la madurez y a la piedad cristiana".
Las Disciplinas Espirituales se definen como "aquellas prácticas que se encuentran en las Escrituras que promueven el crecimiento espiritual entre los que creen en el evangelio de Jesucristo". Se detallan varias características: