Nació en una
familia violenta; sus tíos, primos, y demás familiares estuvieron siempre involucrados en
conflictos agresivos. Así entonces,
Luis Serrano aprendió a ser impetuoso desde su infancia, llegando a cometer su primer acto de sangre a los 13 años, tras dispararle a un muchacho con arma de fuego. Sus múltiples crímenes violentos y su participación en un grupo armado
lo llevaron a la cárcel en
once oportunidades. Aun dentro del penal ejercía su autoridad como
cacique del patio. Sin embargo, un día llegó un predicador evangélico con un
arma más poderosa todavía. Cuando Luis escuchó el mensaje de la
Biblia, su vida
cambió para siempre.