Pablo instruyó a Timoteo que al establecer ancianos en la iglesia no nombrara recién convertidos, pues, de lo contrario, podría verse tentado a una falta en particular: «No un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo» (1 Ti. 3:6). ¿Cuál fue la condenación del diablo? El orgullo, esto es, el deseo […]