Cambiar de opinión puede ser algo molesto, intentar que alguien más lo haga puede ser una patada en el trasero. Detrás de todo esto hay una explicación bastante lógica que nos impide desprendernos de nuestros ideales y aceptar una opinión distinta a la nuestra pero es nuestro deber si queremos crecer como personas el dejar de identificarnos con la mente y con este ego que no nos deja ver más allá de lo que damos por hecho.