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En este capítulo vamos a ver quién es la serpiente. Qué se esconde tras las palabras de la serpiente y cuál es su verdadera intención. Veremos también a tarea sacerdotal de Adán de custodiar el jardín y defender a su esposa y cómo podría haber cambiado la historia si hubiera cumplido su tarea sacerdotal. Por último, veremos al Segundo Adán (Cristo) cumpliendo las tareas propias del sacerdote y del esposo fiel.
La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?». La mujer contestó a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”». La serpiente replicó a la mujer: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió. (Génesis 3:1–6).
En este capítulo vamos a ver quién es la serpiente. Qué se esconde tras las palabras de la serpiente y cuál es su verdadera intención. Veremos también a tarea sacerdotal de Adán de custodiar el jardín y defender a su esposa y cómo podría haber cambiado la historia si hubiera cumplido su tarea sacerdotal. Por último, veremos al Segundo Adán (Cristo) cumpliendo las tareas propias del sacerdote y del esposo fiel.
La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?». La mujer contestó a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”». La serpiente replicó a la mujer: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió. (Génesis 3:1–6).