La historia baila a ritmo de vals vienés mientras nuestro, ¡Oh! Gran y Magnánimo y Elocuente Maestro Torcuis (así le decimos sus apóstoles), rememora ciertos pasajes donde la historia fue narrada por las crónicas de su padrino Josefo, siempre ha llevado un acompañamiento musical… sí, como en las películas.