Pedro nos ofrece una esperanza incorruptible, inmaculada, que no se marchita. Nuestra esperanza es comunión eterna con Dios, sin pecado. Nuestra herencia es Dios mismo.
Pedro nos ofrece una esperanza incorruptible, inmaculada, que no se marchita. Nuestra esperanza es comunión eterna con Dios, sin pecado. Nuestra herencia es Dios mismo.