1 Samuel 8: ¿Quién es el rey en tu corazón y hogar?
1 Samuel 8:1-9:
(Por favor, leer en su biblia)
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Los israelitas fueron liberados de Egipto, y Dios había establecido que Él sería el Rey de Israel, y que serían guiados y gobernados con Sus leyes dirigidos por sus profetas y sacerdotes. Israel sería una nación cuyo modelo político no sería una república, ni una monarquía, ni una democracia, sería una teocracia. Dios sería su Rey. Pero Israel tenía un corazón de esclavo, siempre buscaban el mal y eran oprimidos por sus enemigos. En esos momentos duros se acordaban de su Rey Celestial y volvían a Sus pies pidiendo ser liberados. Dios siempre peleaba sus batallas, rescatándolos y poniendo líderes para que los guiaran bajo Su dirección por medio de Su Espíritu Santo que hablaba al corazón de los jueces, profetas y sacerdotes.
En este capítulo, ellos anhelaban un rey terrenal, después de que Dios les había dado tremendas victorias sobre sus enemigos. Aunque tenían a Samuel para que los dirigiera, ellos exigieron un líder que, de manera oficial, los gobernara como las otras naciones.
Israel perdió su identidad, olvidaron que ellos eran un pueblo diferente, especial. ¡Incluso los filisteos reconocían que Israel tenía un Dios que habitaba en medio de ellos! Todos los adversarios de Israel reconocieron el gran poder de Dios y la presencia de Dios que estaba con ellos.
No tenían el arca en el tabernáculo, habían dejado sus costumbres y tradiciones sagradas, y se habían conformado con vivir vidas rutinarias. Anhelaron ser como los demás y no valoraron que ellos eran un pueblo único.
Es por eso que el Señor se entristeció por esto. Les concedió la petición pero les dejó una advertencia que ellos serían dominados por el rey y serían sus súbditos. Perderían ciertas libertades y serían responsables de la manutención del rey y toda su corte. Serían como cualquier nación sobre la tierra.
De la misma manera, nosotros debemos, como cristianos, decidir quién es el que reina en nuestra vida y corazones. A veces las comparaciones con otras personas nos pueden impulsar a buscar otras cosas que tomen el lugar de Dios, que se sienten en el trono de Dios que son nuestros corazones, y perdamos nuestra verdadera devoción a Dios, nuestra identidad de adoradores que adoran en espíritu y en verdad.
Es posible que nos acostumbremos a ir a la congregación los domingos pero con otro rey en nuestro corazón. Posiblemente hemos permitido que la lujuria y la inmoralidad tomen control, o la avaricia sea la que guíe nuestras acciones. Posiblemente el rencor sea la que ahora gobierne nuestras vidas y nos domine por años, a pesar de que vayamos todos los días a la iglesia y hasta tengamos alguna posición de liderazgo en la congregación.
¿Quién reina en tu corazón? Cualquier cosa que reine en tu vida esa será la que gobierne en tu hogar. Nosotros mismos introducimos estos reyes al hogar y van despojando al Señor de su trono. Es por eso que el apóstol Pablo nos aconseja que dejemos que el Espíritu de Dios sea el que nos fortalezca y habite en nuestro corazón para que nuestra alma sea fortalecida cada día.
Efesios 3:16-17 dice: “Pido al Padre que de su gloriosa riqueza les dé a ustedes, interiormente, poder y fuerza por medio del Espíritu de Dios, que Cristo viva en sus corazones por la fe, y que el amor sea la raíz y el fundamento de sus vidas.” (Dios Habla Hoy).
Evaluemos cuáles son nuestras prioridades, renunciemos a sentimientos del pasado que llenan nuestras vidas de resentimientos que impiden que el Espíritu de Dios fluya con libertad. Alejémonos de cualquier hábito o actitud que quieran influenciar nuestras vida, cualquier cosa que se ponga de moda de forma mundana y nos alejen del Rey de reyes y Señor de señores. Cuidemos siempre sobre quién será el centro de nuestras vidas. Que el único al que sirvamos sea Jesucristo nuestro...