Ernesto Ruiz, El Tufo era el personaje que este humorista representaba. La frase típica: ¡Ay hombre… pero qué maravilla! Era el sello que lo identificaba, además de su vestimenta. Sus rutinas de humor blanco y casi inocente demostraban la simpleza de su relato y la complicidad de sus colegas cuando actuaban en grupo.