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Buenas, gente. Yo soy apicultor. Sí, esa rara especie que se pone un traje blanco con red en la cara… y no, no es para jugar paintball en el espacio, es para hablar con abejas.
Cuando le dije a mi madre que iba a ser apicultor, me miró y dijo:
—¿Abejas? ¡Si a ti te pica un mosquito y ya haces testamento!
Pero la apicultura es mágica. Tú abres la colmena y ves miles de abejas trabajando juntas. ¡Eso es más coordinación que un grupo de WhatsApp de padres! Allí nadie discute: “Yo quería ser obrera de miel y me ha tocado portera”… No. Cada una hace lo suyo. Si los humanos fuéramos así, el lunes sería festivo nacional.
La gente siempre me pregunta:
—¿Y no te da miedo que te piquen?
Claro que me da miedo. Pero peor es explicarle a tu pareja que gastaste 300 euros en un extractor de miel… y aún no tienes miel.
El traje de apicultor también engaña. Tú piensas: “Estoy protegido”. La abeja piensa: “Sí, sí… pero el tobillo te lo dejaste al aire, campeón”. Y ahí estás, bailando solo en el campo.
Y cuanto más las observo, más me doy cuenta de que una colmena es como la vida: siempre hay una reina que manda, obreras que curran sin parar… y algún zángano viviendo del cuento. Seguro ya pensaste en alguien.
Así que, amigos, cuando os pique una abeja, no la maldigáis. Tal vez estaba simplemente… ¡votando por vosotros!
La inteligencia artificial te muestra el asombroso mundo de la apicultura. Tu también puedes seguir caminando entre abejas.
By @caminandoentreabejas.Buenas, gente. Yo soy apicultor. Sí, esa rara especie que se pone un traje blanco con red en la cara… y no, no es para jugar paintball en el espacio, es para hablar con abejas.
Cuando le dije a mi madre que iba a ser apicultor, me miró y dijo:
—¿Abejas? ¡Si a ti te pica un mosquito y ya haces testamento!
Pero la apicultura es mágica. Tú abres la colmena y ves miles de abejas trabajando juntas. ¡Eso es más coordinación que un grupo de WhatsApp de padres! Allí nadie discute: “Yo quería ser obrera de miel y me ha tocado portera”… No. Cada una hace lo suyo. Si los humanos fuéramos así, el lunes sería festivo nacional.
La gente siempre me pregunta:
—¿Y no te da miedo que te piquen?
Claro que me da miedo. Pero peor es explicarle a tu pareja que gastaste 300 euros en un extractor de miel… y aún no tienes miel.
El traje de apicultor también engaña. Tú piensas: “Estoy protegido”. La abeja piensa: “Sí, sí… pero el tobillo te lo dejaste al aire, campeón”. Y ahí estás, bailando solo en el campo.
Y cuanto más las observo, más me doy cuenta de que una colmena es como la vida: siempre hay una reina que manda, obreras que curran sin parar… y algún zángano viviendo del cuento. Seguro ya pensaste en alguien.
Así que, amigos, cuando os pique una abeja, no la maldigáis. Tal vez estaba simplemente… ¡votando por vosotros!
La inteligencia artificial te muestra el asombroso mundo de la apicultura. Tu también puedes seguir caminando entre abejas.