El periodismo lleva tiempo en crisis abducido por las instancias de poder que quieren controlar la información que se difunde instrumentalizándola para servir a sus intereses políticos y económicos o simplemente para adormecer a la población con información insustancial y anecdótica.
La cultura de guerra se nutre de esta propaganda, nos presentan un mundo polarizado, de blanco o negro fomentando la división y crispación social. La prensa está perdiendo su capacidad de crítica y análisis social en pro de los mensajes prefabricados y superficiales.
En este mar de desinformaciones y narrativas simplonas y banales navegan periodistas comprometidas como Katia, que asumen su profesión como una vocación, como una forma de vida para dar espacio a esas historias que se mantienen invisibles ante los grandes medios.
La riqueza de la diversidad se merece espacios como los que crea Katia para no perderse en el olvido colectivo.