Vivimos en una cultura de la inmediatez donde todo se quiere "para ayer".
Pero la rapidez sin observación suele llevar al error. En mi carrera como administrativa, he aprendido que "el ojo clínico" solo se entrena con el tiempo.
Mientras otros pasan por alto un descuadre en una factura o un detalle en un contrato por las prisas, yo me detengo. Sé dónde suelen esconderse los fallos porque ya los he visto antes.
Mi experiencia no me hace lenta, me hace precisa.
Sé disparar la cámara en el momento justo, y sé detectar el problema antes de que se convierta en una crisis.