A lo largo de mi carrera, he aprendido que en un momento de tensión, el equipo no necesita a alguien que grite más, sino a alguien que aporte calma.
Como os decía en el capítulo anterior, mi ética es clara: si hay un error, se soluciona, no se busca culpables para señalar.
Esa protección hacia el equipo y esa capacidad de mediar con clientes o jefes difíciles es lo que construye una trayectoria sólida.