La monarquía se fue de Roma para no volver más, aunque sólo en apariencia, porque el Imperio que llegó tras la República no era monarquía, debido a que este apelativo se consideraba políticamente incorrecto, pero ya habrían querido los Tarquinos haber tenido tanto poder como el que acumularon luego los emperadores.
La que sí acabó yéndose para no volver fue la República, culpable de sus contradicciones, y al final sumida en la alternancia entre guerras civiles y crueles represiones.