Cada día más, vociferamos para opinar. Ese cúmulo de sonidos, de griterío, genera otro también estrepitoso de ofensa, de desacuerdo. Y así llegamos a una sociedad "ofendida".
Quien solicita el perdón, se humilla.
Quien lo concede, crece. ¿Seguro?
100 cafés + con un puto virus.