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Para hablar de cine español y de Berlanga volvemos a contar con Miguel, que nos da la réplica y nos ayuda a adentrarnos en el idílico mundo que dibuja la amable Calabuch (1956). Berlanguismo en estado puro: comunidad, ironía suave y humanidad observada con una sonrisa.
En la parte infantil volvemos a caer —felizmente— en Miyazaki, una de nuestras debilidades confesadas. Dos películas unidas por una misma idea: la persona que llega a una comunidad costera y debe encontrar su lugar, hacer amistades y empezar de nuevo.
En una, asistimos a un rito de paso hacia la juventud y la independencia. En la otra, a un rito de comunión con los demás, un reencuentro con la humanidad a través de la vida sencilla.
Un episodio sobre forasteros, acogida y la lenta construcción de un hogar.
By José María CabezasPara hablar de cine español y de Berlanga volvemos a contar con Miguel, que nos da la réplica y nos ayuda a adentrarnos en el idílico mundo que dibuja la amable Calabuch (1956). Berlanguismo en estado puro: comunidad, ironía suave y humanidad observada con una sonrisa.
En la parte infantil volvemos a caer —felizmente— en Miyazaki, una de nuestras debilidades confesadas. Dos películas unidas por una misma idea: la persona que llega a una comunidad costera y debe encontrar su lugar, hacer amistades y empezar de nuevo.
En una, asistimos a un rito de paso hacia la juventud y la independencia. En la otra, a un rito de comunión con los demás, un reencuentro con la humanidad a través de la vida sencilla.
Un episodio sobre forasteros, acogida y la lenta construcción de un hogar.