En esta reflexión comento que los frutos del Espíritu Santo son consuelos que recibimos en esta vida, en medio del sufrimiento, en este valle de lágrimas. Solo el amor logra consolar en los momentos de penuria y el Espíritu Santo es el Amor de Dios en nuestras vidas que se nos da como garantía de los gozos que disfrutaremos en el cielo.