Cuando uno se anima a emprender y comienza a dar los primeros pasos descubre que gran parte del capital se lo comen los gastos operativos: la renta de un despacho, líneas telefónicas, internet y mensajería.
Después de todo, los clientes no verían con buenos ojos a un emprendedor cuyas reuniones de trabajo son en un Starbucks, ¿cierto?
Para eso existen los espacios de coworking.