A menudo olvidamos que en el mundo profesional, el activo más valioso que tenemos no es el dinero, es el tiempo.
Cuando una empresa abre un proceso de selección, está pidiendo el tiempo y la ilusión de las personas.
Y lo mínimo, lo mínimo, lo básico que dicta la educación y el saber estar, es devolver ese gesto con claridad.
No hay nada más frustrante que el silencio o la falta de seriedad cuando alguien se compromete a darte una respuesta.