Estos tres frutos del Espíritu Santo ordenan el alma, le hacen sentir los deleites divinos. Para comenzar a saborearlos no es necesario haber llegado a la meta. Dios ha querido que en el camino el hombre satisfaga ese anhelo de felicidad en su vida.
Estos tres frutos del Espíritu Santo ordenan el alma, le hacen sentir los deleites divinos. Para comenzar a saborearlos no es necesario haber llegado a la meta. Dios ha querido que en el camino el hombre satisfaga ese anhelo de felicidad en su vida.