El amor matrimonial nace de un vínculo emocional: una conexión profunda que se construye y se cuida con el tiempo.
Es una unión libre, exclusiva y recíproca, donde ambos se eligen, se priorizan y se cuidan mutuamente.
Si ese vínculo se alimenta, puede durar toda la vida; si se descuida, se debilita y se apaga.