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De la mano de mi madre entré al cine por primera vez. Recuerdo la sala oscura, abarrotada, palpitante: ¡se me salía el corazón de la emoción! Aquel feliz instante de la dicha me llevó a pensar que todo cine es un templo del deseo sin latines ni alzacuellos.
¿Y qué me parece Madres paralelas? Me ha gustado. Siempre me reconforta volver a un artista que ha sabido crear un universo propio tan reconocible. Como sucedía con Julieta y Dolor y gloria, tenemos a un Almodóvar crepuscular y sosegado, en el que lo narrativo cada vez tiene más peso. Dolor y gloria me sonaba a epílogo, pero, afortunadamente, no lo ha sido. Hasta en Los abrazos rotos, que para mí es su obra más floja, hay que quitarse el sombrero ante el dominio del lenguaje cinematográfico apreciable en su estética, en los tiros de cámara, en la edición, en la música y, sobre todo, en el guion. Ver una película de Almodóvar es como viajar en clase business.
By ☆ FV ☆De la mano de mi madre entré al cine por primera vez. Recuerdo la sala oscura, abarrotada, palpitante: ¡se me salía el corazón de la emoción! Aquel feliz instante de la dicha me llevó a pensar que todo cine es un templo del deseo sin latines ni alzacuellos.
¿Y qué me parece Madres paralelas? Me ha gustado. Siempre me reconforta volver a un artista que ha sabido crear un universo propio tan reconocible. Como sucedía con Julieta y Dolor y gloria, tenemos a un Almodóvar crepuscular y sosegado, en el que lo narrativo cada vez tiene más peso. Dolor y gloria me sonaba a epílogo, pero, afortunadamente, no lo ha sido. Hasta en Los abrazos rotos, que para mí es su obra más floja, hay que quitarse el sombrero ante el dominio del lenguaje cinematográfico apreciable en su estética, en los tiros de cámara, en la edición, en la música y, sobre todo, en el guion. Ver una película de Almodóvar es como viajar en clase business.