Cuando una puerta no se abre, a menudo es porque lo que hay detrás no nos conviene.
Si una empresa no tiene la seriedad de darte una respuesta, imagina cómo será trabajar allí día a día. Al final, estos tropiezos son filtros que nos alejan de lugares donde nuestro talento no sería respetado.
Mi tiempo, mi experiencia y mi ética son demasiado valiosos para entregarlos a quien no sabe decir ni "hola" ni "adiós."