Vivir un conflicto armado no es algo para lo que nadie esté preparado. Tampoco para lidiar con las consecuencias psicológicas, emocionales y sociales que acarrea dicha experiencia.
Lamentablemente a día de hoy sigue habiendo numerosas guerras activas que hacen sufrir a cientos de miles de personas.
Conversamos con Yolanda que vivió 17 años en una de las ciudades más afectadas por el conflicto en Colombia, en una ciudad a la que llamaban sangre y petróleo por albergar la mayor refinería del país.
Como voluntaria de paz, y desde su saber hacer en las artes escénicas, acompañó a la población y a los jóvenes especialmente en el tránsito hacia la sanación y recomposición social y comunitaria tras los años más crueles del conflicto.
A ella le tocó ser los oídos de quienes vivieron la guerra.