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"Gracias a la vida" es la canción más emblemática de la cantautora chilena Violeta Parra y está considerada como un himno humanista de alcance universal. Fue compuesta durante su estadía en La Paz, Bolivia, y publicada en noviembre de 1966 como la pista inaugural de su obra cumbre, el álbum Las últimas composiciones. En sus estrofas de métrica dodecasílaba, la artista hace un profundo y poético inventario de gratitud por los dones más esenciales de la existencia humana —como la vista, el oído, el lenguaje, la capacidad de caminar y de amar—, reconociendo que de la capacidad de distinguir la "dicha" del "quebranto" nacen los materiales que forman su propio canto, el cual finalmente se funde con el canto de todos. No obstante, la pieza encierra una de las paradojas más conmovedoras de la historia de la música popular: fue escrita por una mujer sumida en una profunda depresión que se quitó la vida apenas unos meses después de su publicación, en febrero de 1967, lo que ha llevado a muchos biógrafos y críticos a interpretarla como una lúcida y melancólica despedida. A pesar de su origen trágico, la canción logró trascender fronteras, consolidándose como un estandarte de resistencia social e identidad latinoamericana, fuertemente internacionalizada gracias a las inmortales versiones de intérpretes como Mercedes Sosa y Joan Baez.
By Buscarruidos"Gracias a la vida" es la canción más emblemática de la cantautora chilena Violeta Parra y está considerada como un himno humanista de alcance universal. Fue compuesta durante su estadía en La Paz, Bolivia, y publicada en noviembre de 1966 como la pista inaugural de su obra cumbre, el álbum Las últimas composiciones. En sus estrofas de métrica dodecasílaba, la artista hace un profundo y poético inventario de gratitud por los dones más esenciales de la existencia humana —como la vista, el oído, el lenguaje, la capacidad de caminar y de amar—, reconociendo que de la capacidad de distinguir la "dicha" del "quebranto" nacen los materiales que forman su propio canto, el cual finalmente se funde con el canto de todos. No obstante, la pieza encierra una de las paradojas más conmovedoras de la historia de la música popular: fue escrita por una mujer sumida en una profunda depresión que se quitó la vida apenas unos meses después de su publicación, en febrero de 1967, lo que ha llevado a muchos biógrafos y críticos a interpretarla como una lúcida y melancólica despedida. A pesar de su origen trágico, la canción logró trascender fronteras, consolidándose como un estandarte de resistencia social e identidad latinoamericana, fuertemente internacionalizada gracias a las inmortales versiones de intérpretes como Mercedes Sosa y Joan Baez.