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Las heridas emocionales son, a veces, más difíciles de curar que las heridas físicas. Porque son profundas, porque condicionan nuestra manera de sentir y nuestra forma de actuar, porque tienen muchos tentáculos y, en ocasiones, llegan lejos e inundan partes de nosotros mismos que ni siquiera conocíamos. Y porque, a veces, sentimos que estas heridas emocionales no las podemos curar nosotros solos.
A veces necesitamos una disculpa, un lo siento, un perdón para poder continuar. Una asunción de la responsabilidad que repare el daño. Pero… ¿es tan sencillo? ¿Nos cuesta perdonar? ¿Se puede perdonar y no olvidar? ¿Qué podemos hacer con todo el rencor que hemos sostenido durante el tiempo?
By Dany BlázquezLas heridas emocionales son, a veces, más difíciles de curar que las heridas físicas. Porque son profundas, porque condicionan nuestra manera de sentir y nuestra forma de actuar, porque tienen muchos tentáculos y, en ocasiones, llegan lejos e inundan partes de nosotros mismos que ni siquiera conocíamos. Y porque, a veces, sentimos que estas heridas emocionales no las podemos curar nosotros solos.
A veces necesitamos una disculpa, un lo siento, un perdón para poder continuar. Una asunción de la responsabilidad que repare el daño. Pero… ¿es tan sencillo? ¿Nos cuesta perdonar? ¿Se puede perdonar y no olvidar? ¿Qué podemos hacer con todo el rencor que hemos sostenido durante el tiempo?