Morgoth liberó a Húrin como si se compadeciera de él, pero en verdad quería que odiara aún más a los Elfos y a los Hombres. Húrin fue a Hithlum, y todos lo evitaron por prudencia, porque venía de Angband. La amargura de Húrin creció, y abandonó Hithlum. Subió a las montañas, y divisó los picos de las Crissaegrim, y se acordó de Turgon y de Gondolin. Intentó encontrar a las Águilas, y también la entrada de Gondolin, y llamó a Turgon, pero no obtuvo respuesta. Y los seguidores de Morgoth lo espiaban, y el mensaje llegó a Angband. Las Águilas descubrieron a Húrin, y Thorondor fue hasta Turgon para llevarle el mensaje. Turgon cerró su corazón porque Húrin venía de Angband, pero luego se arrepintió, y cuando las Águilas volvieron a buscar a Húrin, ya no lo encontraron. Al llegar la noche, Húrin cayó en un sueño, y escuchó la voz de Morwen, que parecía que venía de Brethil. Así, Húrin llegó a Cabed Naeramarth, a la tumba de su hijo Túrin, y allí se encontraba Morwen, y se reencontraron. Con la llegada de la noche, Morwen murió, y Húrin sintió deseos de venganza contra aquellos que hicieron daño a quienes amaba. Allí hizo una tumba para Morwen, y la Piedra de los Desventurados jamás sería mancillada, y cuando el mundo se hundió, Tol Morwen sobrevivió