En la superficie, dirán que llevo una vida tranquila, que soy otro más de esos idiotas que van por ahí, sonriendo como imbéciles, ignorando que el mundo se va al carajo. Pero no se equivoquen, mi felicidad no es un accidente ni un capricho del destino, sino una decisión calculada, una elección consciente y deliberada. Disfruto de mi soledad, porque me soporto mejor que a los demás, pero nada me llena tanto como estar con esa manada selecta a la que llamo familia, esos pocos que aún tolero y en quienes deposito mi confianza.