La máquina de café.
El ratito de comer al mediodía.
Por estresante que tengas el día, casi siempre tienes esos momentitos en que puedes pillar a tu colega de la oficina y vaciar eso que te tiene inquieta. A veces es un bajonazo de algo que te ha pasado al acabar el finde y que te tiene arrastrada el lunes. Otras es algo que te emociona y que te mueres por contárselo a alguien.
Casi siempre tienes 1 persona y 1 momento dentro de ese ecosistema para dejarte llevar y reir, saltar o llorar si hace falta..
Pero…que pasaría si tuvieras algo que amenaza con hacerte estallar y no dispusieras de ese entorno controlado donde pudieras darle salida?
Hoy te voy a contar cómo, sin venir a cuento, un completo desconocido me hizo partícipe de uno de esos momentos de explosión.