Con el ritmo asfixiante de las novedades, las eternas esperas de las campañas de financiación, la negatividad de las RRSS, el tamaño de la balda, el tiempo libre limitado, las campañas que se quedan en la cuneta, los reglamentos infinitos, las batallas en Wallapop, las polémicas en redes, el coste disparado de los juegos, las erratas…
Con el ritmo asfixiante de las novedades, las eternas esperas de las campañas de financiación, la negatividad de las RRSS, el tamaño de la balda, el tiempo libre limitado, las campañas que se quedan en la cuneta, los reglamentos infinitos, las batallas en Wallapop, las polémicas en redes, el coste disparado de los juegos, las erratas…