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En este episodio hablo con Enrique Sánchez Prieto, empresario de 50 años con cinco hijos, que lleva desde 2008 intentando resolver uno de los problemas más ridículos y universales del mundo moderno: la tostadora que quema el pan. Ha gastado 65.000 euros en una patente, ha aprendido Linux, Python y visión artificial desde cero, y lleva seis tostadoras desmontadas en su casa. Y el aparato casi funciona.
El episodio arranca como una historia de inventor casero y termina siendo una conversación muy real sobre cómo llevar un prototipo al mercado, con todas las dudas, los miedos y las opciones encima de la mesa.
¿Tienes un proyecto que no sabes cómo monetizar o llevar al mercado? En el episodio Premium de esta semana entramos mucho más a fondo en estrategias de lanzamiento, financiación y validación de producto. → Apúntate al Premium
Esta semana en el episodio Premium seguimos con temas de estrategia real de negocio: decisiones que no caben en abierto, conversaciones más largas y los detalles concretos que Víctor reserva para los suscriptores.
→ Apúntate a No es Asunto Vuestro Premium para escuchar el episodio completo.
Soy Enrique Sánchez Prieto, soy empresario. Acabo de cumplir 50 años y lo soy desde hace casi toda mi vida.
Ahora mismo soy socio de varias empresas. La que yo gestiono directamente hace servicios de movilidad: localización y seguimiento de vehículos, control de mercancía. Tenemos un producto propio y vendemos servicios de ese tipo. Nos va bastante bien.
Pero no me escribiste por eso.
No. Me escribiste después de escuchar el capítulo de Josper, el del horno, ¿verdad? Exacto. Eso fue muy gracioso. Cuando escuché lo del horno, me acordé de todo esto. Porque mi historia con el mundo de la cocina empezó más con las tostadoras. Creo que el mundo se divide en dos tipos de personas: los que tienen problemas con las tostadoras y los que no. Yo soy del primero.
En mi casa tostamos mucho pan. Tengo cinco hijos, y cuando esto empezó no los tenía, pero ahora sí, así que se tuesta aún más. El problema es que el pan viene de sitios muy distintos: a veces del congelador, a veces fresco, integral, de molde… Y se me quema con mucha frecuencia precisamente porque el tipo de pan cambia cada vez.
Busqué en las tiendas a ver si había alguna tostadora inteligente que resolviera este problema. Me parecía muy extraño que en 2008 esto todavía funcionara con una ruedecita igual que hace casi 100 años. Puedes encontrar tostadoras de 12 euros y de 300, pero en el fondo todas son iguales: un termostato y un temporizador que para pasados X minutos, sin garantizarte que el pan vaya a salir bien.
Entonces se me ocurrió una forma de resolverlo, y la patenté en 2008. El concepto es sencillo: se trata de poner un ordenador en la tostadora con una cámara. La cámara va haciendo fotos y analiza cómo va cambiando el pan de color. Cuando llega al punto adecuado, la tostadora se detiene sola.
Es un sistema muy preciso porque replica la forma en que los humanos lo hacemos: mirar la tostadora y apretar el botón. El problema es que en 2008 era carísimo. Hice cálculos y la tostadora habría salido por unos 1.000 euros en tienda. Inviable.
Hace aproximadamente año y medio o dos años vi en internet un producto nuevo que habían sacado unos ingleses: la Raspberry Pi. Este mini ordenador pequeño y barato me hizo pensar que por fin se podía fabricar algo lo suficientemente potente y económico como para que mi idea fuera viable.
A partir de ahí, durante el último año y medio, he aprendido Linux (no sabía nada), Python (la forma más fácil de programar ese tipo de ordenadores), algo de visión artificial, de inteligencia artificial y de electrónica. Me he comprado seis tostadoras en Amazon, las he modificado y les he puesto mi invento.
Estoy a punto de llevarlo a la cocina de mi casa.
¿Funciona? Sí, el aparato funciona. He tostado miles de tostadas y la detección ya va bien: sé cuándo el pan está en su punto. Lo que me falta es conectar la señal del ordenador con el botón de apagado de la tostadora, que todavía no está hecho.
Sí, eso es facilísimo. Es muy fácil, de verdad. Pero es que cada cosa que hago la hago a mi ritmo.
¿Cuánto has invertido hasta ahora? Las horas no las he contado. El dinero sí. La patente, que es lo más caro, ha costado hasta ahora más o menos 65.000 euros. Un pastizal. Podría comprarme un coche bueno. Y espero que esto vaya a algún sitio, porque si no…
Tengo un lío tremendo porque hay muchas formas de llevar esto a buen puerto, pero no sé cuál elegir.
Las opciones que veo son tres:
Esta es la primera vez que cuento todo esto en algún sitio. Y una de las cosas más importantes que necesito saber es si el unico en el mundo dispuesto a gastarse 200 euros en una tostadora soy yo, o si hay alguien más.
¿Hacemos una encuesta? ¿Damos tu correo? Yo lo que propongo es lanzar la pregunta a la audiencia de No es Asunto Vuestro. La encuesta tendría dos preguntas: una, si tienes o no problemas tostando pan, y dos, si para resolverlo te gastarías 200 euros.
Mi correo es enrique.s.prieto arroba deliplan.com (deliplan con y griega). Lo dejamos también en las notas del programa. Si eres ingeniero, inversor, fabricante o simplemente alguien que quema el pan cada mañana, escríbele.
¿Tiene nombre la tostadora? Ahora mismo estoy usando TAM. Que es «Most Advanced Toaster» al revés: MAT. Pero MAT resulta que significa «felpudo» en inglés, así que lo giré y quedó TAM. El inglés me persigue por todos los sitios.
Tras la despedida de Enrique, termina el episodio con una llamada a la sección de tostadoras de El Corte Inglés. La respuesta de Carmen, muy amable ella, lo resume todo perfectamente: «Ese tipo no tenemos nada nosotros.»
Los coches aparcan solos. Y yo siempre tengo que comerme la jodida tostada chamuscada. Carmen, yo no puedo vivir así. De verdad que no puedo.
En el episodio Premium de esta semana seguimos con estrategia real: cómo validar demanda, cómo pensar la financiacion de un producto fisico y las decisiones que de verdad marcan la diferencia entre un proyecto que avanza y uno que se queda en el cajon.
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Noesasuntovuestro.com
By Victor Correal5
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En este episodio hablo con Enrique Sánchez Prieto, empresario de 50 años con cinco hijos, que lleva desde 2008 intentando resolver uno de los problemas más ridículos y universales del mundo moderno: la tostadora que quema el pan. Ha gastado 65.000 euros en una patente, ha aprendido Linux, Python y visión artificial desde cero, y lleva seis tostadoras desmontadas en su casa. Y el aparato casi funciona.
El episodio arranca como una historia de inventor casero y termina siendo una conversación muy real sobre cómo llevar un prototipo al mercado, con todas las dudas, los miedos y las opciones encima de la mesa.
¿Tienes un proyecto que no sabes cómo monetizar o llevar al mercado? En el episodio Premium de esta semana entramos mucho más a fondo en estrategias de lanzamiento, financiación y validación de producto. → Apúntate al Premium
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Soy Enrique Sánchez Prieto, soy empresario. Acabo de cumplir 50 años y lo soy desde hace casi toda mi vida.
Ahora mismo soy socio de varias empresas. La que yo gestiono directamente hace servicios de movilidad: localización y seguimiento de vehículos, control de mercancía. Tenemos un producto propio y vendemos servicios de ese tipo. Nos va bastante bien.
Pero no me escribiste por eso.
No. Me escribiste después de escuchar el capítulo de Josper, el del horno, ¿verdad? Exacto. Eso fue muy gracioso. Cuando escuché lo del horno, me acordé de todo esto. Porque mi historia con el mundo de la cocina empezó más con las tostadoras. Creo que el mundo se divide en dos tipos de personas: los que tienen problemas con las tostadoras y los que no. Yo soy del primero.
En mi casa tostamos mucho pan. Tengo cinco hijos, y cuando esto empezó no los tenía, pero ahora sí, así que se tuesta aún más. El problema es que el pan viene de sitios muy distintos: a veces del congelador, a veces fresco, integral, de molde… Y se me quema con mucha frecuencia precisamente porque el tipo de pan cambia cada vez.
Busqué en las tiendas a ver si había alguna tostadora inteligente que resolviera este problema. Me parecía muy extraño que en 2008 esto todavía funcionara con una ruedecita igual que hace casi 100 años. Puedes encontrar tostadoras de 12 euros y de 300, pero en el fondo todas son iguales: un termostato y un temporizador que para pasados X minutos, sin garantizarte que el pan vaya a salir bien.
Entonces se me ocurrió una forma de resolverlo, y la patenté en 2008. El concepto es sencillo: se trata de poner un ordenador en la tostadora con una cámara. La cámara va haciendo fotos y analiza cómo va cambiando el pan de color. Cuando llega al punto adecuado, la tostadora se detiene sola.
Es un sistema muy preciso porque replica la forma en que los humanos lo hacemos: mirar la tostadora y apretar el botón. El problema es que en 2008 era carísimo. Hice cálculos y la tostadora habría salido por unos 1.000 euros en tienda. Inviable.
Hace aproximadamente año y medio o dos años vi en internet un producto nuevo que habían sacado unos ingleses: la Raspberry Pi. Este mini ordenador pequeño y barato me hizo pensar que por fin se podía fabricar algo lo suficientemente potente y económico como para que mi idea fuera viable.
A partir de ahí, durante el último año y medio, he aprendido Linux (no sabía nada), Python (la forma más fácil de programar ese tipo de ordenadores), algo de visión artificial, de inteligencia artificial y de electrónica. Me he comprado seis tostadoras en Amazon, las he modificado y les he puesto mi invento.
Estoy a punto de llevarlo a la cocina de mi casa.
¿Funciona? Sí, el aparato funciona. He tostado miles de tostadas y la detección ya va bien: sé cuándo el pan está en su punto. Lo que me falta es conectar la señal del ordenador con el botón de apagado de la tostadora, que todavía no está hecho.
Sí, eso es facilísimo. Es muy fácil, de verdad. Pero es que cada cosa que hago la hago a mi ritmo.
¿Cuánto has invertido hasta ahora? Las horas no las he contado. El dinero sí. La patente, que es lo más caro, ha costado hasta ahora más o menos 65.000 euros. Un pastizal. Podría comprarme un coche bueno. Y espero que esto vaya a algún sitio, porque si no…
Tengo un lío tremendo porque hay muchas formas de llevar esto a buen puerto, pero no sé cuál elegir.
Las opciones que veo son tres:
Esta es la primera vez que cuento todo esto en algún sitio. Y una de las cosas más importantes que necesito saber es si el unico en el mundo dispuesto a gastarse 200 euros en una tostadora soy yo, o si hay alguien más.
¿Hacemos una encuesta? ¿Damos tu correo? Yo lo que propongo es lanzar la pregunta a la audiencia de No es Asunto Vuestro. La encuesta tendría dos preguntas: una, si tienes o no problemas tostando pan, y dos, si para resolverlo te gastarías 200 euros.
Mi correo es enrique.s.prieto arroba deliplan.com (deliplan con y griega). Lo dejamos también en las notas del programa. Si eres ingeniero, inversor, fabricante o simplemente alguien que quema el pan cada mañana, escríbele.
¿Tiene nombre la tostadora? Ahora mismo estoy usando TAM. Que es «Most Advanced Toaster» al revés: MAT. Pero MAT resulta que significa «felpudo» en inglés, así que lo giré y quedó TAM. El inglés me persigue por todos los sitios.
Tras la despedida de Enrique, termina el episodio con una llamada a la sección de tostadoras de El Corte Inglés. La respuesta de Carmen, muy amable ella, lo resume todo perfectamente: «Ese tipo no tenemos nada nosotros.»
Los coches aparcan solos. Y yo siempre tengo que comerme la jodida tostada chamuscada. Carmen, yo no puedo vivir así. De verdad que no puedo.
En el episodio Premium de esta semana seguimos con estrategia real: cómo validar demanda, cómo pensar la financiacion de un producto fisico y las decisiones que de verdad marcan la diferencia entre un proyecto que avanza y uno que se queda en el cajon.
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