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No hay mayor victoria que la de la batalla que se pelea de rodillas, postrados a los pies del Señor, en Su presencia. Así es, ¿qué mejor expresión de entrega que doblar nuestras rodillas, alzar nuestras manos y decirle: Aquí estoy, tuyo soy?
By Mary Ann López Mena5
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No hay mayor victoria que la de la batalla que se pelea de rodillas, postrados a los pies del Señor, en Su presencia. Así es, ¿qué mejor expresión de entrega que doblar nuestras rodillas, alzar nuestras manos y decirle: Aquí estoy, tuyo soy?