¿Cómo sería el mundo si no perdiéramos la mirada amable y positiva que tenemos en nuestros primeros años de vida?
El adultocentrismo con el que hemos construido nuestra sociedad nos impide ver todo lo que las infancias pueden aportar a la construcción de un mundo mejor hoy mismo, sin esperar a que crezcan. Porque los niños y niñas no son el futuro, son el presente.
Por su capacidad de preguntanse por todo y por su inocencia, que nace del lenguaje del corazón, niñas y niños ofrecen una mirada de la vida libre de prejuicios, amorosa y solidaria.
Hablamos con Dailo, un canario que lleva 15 años trabajando en Unicef. Gran defensor de la mirada y la escucha infantil, reivindica la capacidad de acción y movilización social que tienen las niñas, niños y adolescentes.