Las verdades son ilusiones de las cuales se ha olvidado que son tales”. [3]
Dios, Naturaleza, Razón, Progreso, forman parte del largo suceder de creencias ilusorias que en el escenario del pensamiento occidental han intentado satisfacer una necesidad básica del ser humano: la de contar con algún fundamento o referencia última, con un horizonte de sentido que le permita vivir en un universo comprensible. De tal forma que al imponerse el derrumbe de un ídolo, los hombres se apresuran a erigir a otro en su lugar.
En el afán por encontrar la clave del sentido de lo que existe, se pretenderá siempre que la interpretación ilusoria es la que sostienen los otros, predecesores o contemporáneos, siendo más difícil asumir como ilusoria la posibilidad de una razón última y definitiva.