La consecuencia del crecimiento urbano fue la aparición de mercados locales y regionales con infinitas transacciones diarias, modestas a escala individual, pero muy importantes por su número y continuidad. Esto era posible gracias a la ampliación de la base social capaz de consumir y producir mercancías, primero en los circuitos comerciales cercanos y después en los remotos. Se inició con esto una época de consumo y comercio de masas y consiguientemente un aumento masivo de la demanda.