Bandwagonesque (1991) es el tercer disco de la banda escocesa Teenage Fanclub.
Urgencia e inmediatez. Ritmo, ruido y melodía. Muchos la olvidan, la obvian o, incluso, la desprecian, pero la esencia de la música pop es la identificación emocional. La perfección técnica no es necesaria. Incluso la búsqueda de un ideal artístico puede quedar de lado en la hechura de una canción pop. Lo que, suena a paradoja, hace que la música tenga el potencial de lograr ser el arte más democrático, la expresión más perfecta.
Teenage Fanclub logró ese roce de la perfección en un disco muy poco pulcro, ruidoso y distorsionado aunque, eso sí, una cátedra de melodía y de ingenuidad adolescente. De canciones inmediatas y vibrantes, guitarras discordantes y voces limpias. De letras mordaces y muy modernas, sin teatralidades ni retruécanos, sobre la vida, la calle, el amor, la frustración. De un sonido hijo de su época pero que toma sin complejos ni miramientos lo mejor de otras. El resultado es un álbum eterno que hace que el corazón de agite y los pies se muevan.