Nos movemos entre los extremos. Por un lado, están todos aquellos que intimidan con sus palabras y violentan con sus expresiones. Piensan que son románticos, pero en realidad son sólo acosadores sexuales. En el otro extremo están aquellos que por timidez, temor o malas experiencias no saben cómo halagar adecuadamente. Pero necesitamos aprender a expresarnos adecuadamente con las palabras como parte de la preciosa danza del amor.