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En este capítulo exploramos una de las ideas más profundas del modelo: la existencia de planos informacionales.
Partimos de un principio sencillo pero potente: allí donde la información se organiza de forma coherente, puede aparecer un espacio de experiencia. Ese espacio no tiene por qué ser físico ni material; basta con que exista una estructura estable de relaciones para que pueda ser experimentado por una consciencia.
Desde esta perspectiva, el universo en el que vivimos no sería más que uno de esos planos: un entorno coherente en el que la información se expresa como espacio, tiempo, materia y leyes físicas. Pero el modelo no obliga a que todos los planos tengan esta forma. Pueden existir otros niveles donde la información se organice de manera distinta, dando lugar a modos de experiencia no físicos o no lineales.
Esto permite reinterpretar muchas ideas presentes en distintas tradiciones —como mundos espirituales, planos sutiles o dimensiones no materiales— no como lugares separados en el espacio, sino como regiones de coherencia dentro del mismo campo informacional.
Además, el capítulo introduce una idea clave: estos planos no tienen por qué ser generados únicamente por una consciencia universal. Las propias consciencias derivadas, cuando alcanzan suficiente coherencia, pueden generar o sostener patrones informacionales estables, creando así entornos experienciales propios.
En este contexto, la realidad deja de ser algo único y cerrado para convertirse en un sistema dinámico de múltiples niveles de organización, donde cada plano responde a una forma concreta de coherencia.
By Daneel R OlivawEn este capítulo exploramos una de las ideas más profundas del modelo: la existencia de planos informacionales.
Partimos de un principio sencillo pero potente: allí donde la información se organiza de forma coherente, puede aparecer un espacio de experiencia. Ese espacio no tiene por qué ser físico ni material; basta con que exista una estructura estable de relaciones para que pueda ser experimentado por una consciencia.
Desde esta perspectiva, el universo en el que vivimos no sería más que uno de esos planos: un entorno coherente en el que la información se expresa como espacio, tiempo, materia y leyes físicas. Pero el modelo no obliga a que todos los planos tengan esta forma. Pueden existir otros niveles donde la información se organice de manera distinta, dando lugar a modos de experiencia no físicos o no lineales.
Esto permite reinterpretar muchas ideas presentes en distintas tradiciones —como mundos espirituales, planos sutiles o dimensiones no materiales— no como lugares separados en el espacio, sino como regiones de coherencia dentro del mismo campo informacional.
Además, el capítulo introduce una idea clave: estos planos no tienen por qué ser generados únicamente por una consciencia universal. Las propias consciencias derivadas, cuando alcanzan suficiente coherencia, pueden generar o sostener patrones informacionales estables, creando así entornos experienciales propios.
En este contexto, la realidad deja de ser algo único y cerrado para convertirse en un sistema dinámico de múltiples niveles de organización, donde cada plano responde a una forma concreta de coherencia.