Cuando mi esposo murió hace cinco años, muchas de mis piezas se partieron, para siempre. Pero existe una verdad fundamental que al entenderla siempre me ha hecho llorar; nacen flores dentro de ti, cuando te permites transformar después de un trauma. Florecen primaveras en el desierto y una revolución revoluciona todo aquello que se creía cierto.
No tenía idea de cuánto cambiaría, de cuánto me suavizaría para hacerme más fuerte y flexible después de enfrentar tanto dolor. No sabía que el dolor me acercaría a mi corazón.