Distopía. I.A. Filosofía y cine.

4.- Blade Runner: el humanoide en busca de su alma


Listen Later

Fue dirigida por Ridley Scott y estrenada en 1982 e inspirada libremente en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, del autor de ciencia ficción Philip. K. Dick.
. En cierta manera, la batalla entre lo humano y lo artificial, entre la naturaleza y la tecnología, en Blade Runner, se plantea en términos que entroncan con la sensibilidad posmoderna -muy en boga en esos años-; una sensibilidad que proclamaba un humanismo débil, una ontología del declinar, en palabras del filósofo italiano Gianni Vattimo (1936).
Una sensibilidad estética que define el espíritu de una época, muy influido por las tesis nietzscheanas más crepusculares: la transvaloración de todos los valores, el vacío que deja la muerte de Dios y, finalmente, el advenimiento de un hombre último, como paso previo a la llegada de un super hombre.
Los temas prometeicos, la frontera entre la vida humana y la vida que sueñan crear los científicos que quieren ser dioses, son, a su vez, por lo general, obsesión de la literatura romántica, desde Frankenstein hasta Drácula, que lleva -desplaza- la frontera de lo humano a un espacio cercano al animal.
¿El replicante o cíborg, robot creado como un Pigmalión a nuestra imagen y para satisfacer nuestros deseos de dominio como especie, puede escapar a su futuro y devenir humano? ¿Puede, en ese proceso, transformarse en un nuevo golem que se gira contra su creador, con ánimo de destruirlo?
Y, en un sentido más profundo, más básico, ¿qué es lo humano? ¿Un ente dado por la naturaleza o una realidad reconstruible? A la dicotomía entre lo humano y lo artificial se suma el dilema kantiano de los sujetos como fines en sí mismos y no como medios. Lo que el replicante rebelde reclama es, precisamente, adquirir esa autonomía moral, ese estatus de ente para sí, de fin en sí mismo, y no un mero instrumento para el uso de otros seres. La pantalla, de esta manera, trata de ubicarnos ante un conflicto moral: si el replicante, interpretado por Rutger Hauer, cuya vida está limitada a cuatro años, es tan capaz de sentir como Rick Deckard (Harrison Ford), ¿por qué debemos verlo como un ente sustancialmente diferente y, por tanto, eliminable?
El replicante es, en este sentido, la metáfora de lo otro, de la otredad y de nuestra relación compleja con lo diferente, con lo extranjero. El filósofo Emmanel Levinas, discípulo de Heidegger, judío lituano que estuvo en un campo de concentración del que logró huir a Francia, reflexionó sobre la deshumanización que supuso el nacismo al que su propio mentor, Heidegger, se adhirió: lo otro es suprimible cuando se totaliza, cuando, desde nuestra necesidad de control, de categorización, se le quiere reducir a un ser, a una esencia inmutable. Entonces deja de verse al otro, con su indefinición, con su rostro único, y empieza a verse solo a un judío, a un lituano, a un extranjero, a un robot.
Frente a esta idea de la otredad en términos negativos y totalizados, Levinas propone que la exterioridad que solo puede ser comprendida desde la idea del infinito. Lo infinito es algo de lo que tenemos una idea, pero que no podemos comprender racionalmente porque nos excede. Si tenemos la capacidad, desde nuestra finitud, de entender que fuera hay un infinito, podremos ver lo otro, al otro, pleno en su autonomía, en sus emociones, en su dignidad, como un ser abierto a infinitas posibilidades. Podremos mirar su rostro y respetar la diferencia y distancia que lo separa de nosotros.
...more
View all episodesView all episodes
Download on the App Store

Distopía. I.A. Filosofía y cine.By Antonio Asencio Guillén