Después de un largo periodo de cierre perimetral de las comunidades autónomas que impedía que mi cámara, mi trípode y yo fuéramos a la costa, hemos vuelto a acercarnos a la misma el primer día que se pudo legalmente.
La verdad es que había ganas de tener la posibilidad de un buen amanecer en las playas o en los acantilados. No se dieron las condiciones, pero estuvimos allí para verlo y para respirar el aroma del agua salada.