
Sign up to save your podcasts
Or


La gimnasta uzbeka Oksana Aleksandrovna Chusovitina, "abuela" de los Juegos de Tokio 2020, un ejemplo único de longevidad deportiva (participó en ocho Juegos Olímpicos, con dos medallas, y en 17 campeonatos mundiales, con 11 podios), es una destacada de ese segundo grupo. Heredera del carácter férreo, seco, mediterráneo de las tribus nómadas del Asia Central y de sus duros trabajos agrícolas y mineros, la constancia, la perseverancia elevada a la obsesión, forman su identidad.
Chusovitina creció entre los campos del norte de Uzbekistán, en la región de Bukhara, donde nació en 1975. Y las cuentas son incontestables: el 19 de junio pasado cumplió 46 años. A esta edad en la que otras gimnastas llevan ya veinte años retiradas y otros tantos como entrenadoras, Chusovitina no supera los 50 kilos en su cuerpo de 1,53 m de estatura, y salva palmo a palmo la pérdida de agilidad. Un prodigio natural: físico y mental.
En Atenas 2004 representó a la delegación de Alemania. En 2021 se retiró en Tokio admirada por jóvenes atletas que no habían nacido cuando ella ya era una gimnasta reconocida. Todavía, a esa edad, Chusovitina era capaz de hacer la Produnova, un salto tabú entre las gimnastas, y al que solo se animaron un puñado de ellas en toda la historia. A la actual estrella del deporte, la gimnasta estadounidense Simone Biles, dice que citar ese salto le “produce terror”. La Produnova lleva el nombre de la gimnasta que realizó el salto por primera vez, la rusa Yelena Serguéyevna Produnova (Rostov, 1980), un prodigio de fuerza y agilidad que compitió en Atlanta 1996 y Sidney 2000.
Chusovitina iba a consumar el inicio de su retirada como abanderada de la delegación de Uzbekistán que desfiló en la ceremonia inaugural de los juegos. Pero los problemas la persiguen hasta el final. Horas antes el Comité Olímpico de su país le comunicó que no llevaría la bandera, sin darle más explicaciones. El último conflicto de la gimnasta, al parecer tiene origen en los celos institucionales de los miembros del comité uzbeko ya que Chusovitina, tras su retirada, está postulada para ser elegida nueva miembro del COI, junto a otros atletas históricos. Sin embargo, para una sobreviviente de la Guerra Fría no parece este un obstáculo, solo una mancha que le ensombrece el vestido de despedida. A Chusovitina le queda la gloria.
By Destruyendo MitosLa gimnasta uzbeka Oksana Aleksandrovna Chusovitina, "abuela" de los Juegos de Tokio 2020, un ejemplo único de longevidad deportiva (participó en ocho Juegos Olímpicos, con dos medallas, y en 17 campeonatos mundiales, con 11 podios), es una destacada de ese segundo grupo. Heredera del carácter férreo, seco, mediterráneo de las tribus nómadas del Asia Central y de sus duros trabajos agrícolas y mineros, la constancia, la perseverancia elevada a la obsesión, forman su identidad.
Chusovitina creció entre los campos del norte de Uzbekistán, en la región de Bukhara, donde nació en 1975. Y las cuentas son incontestables: el 19 de junio pasado cumplió 46 años. A esta edad en la que otras gimnastas llevan ya veinte años retiradas y otros tantos como entrenadoras, Chusovitina no supera los 50 kilos en su cuerpo de 1,53 m de estatura, y salva palmo a palmo la pérdida de agilidad. Un prodigio natural: físico y mental.
En Atenas 2004 representó a la delegación de Alemania. En 2021 se retiró en Tokio admirada por jóvenes atletas que no habían nacido cuando ella ya era una gimnasta reconocida. Todavía, a esa edad, Chusovitina era capaz de hacer la Produnova, un salto tabú entre las gimnastas, y al que solo se animaron un puñado de ellas en toda la historia. A la actual estrella del deporte, la gimnasta estadounidense Simone Biles, dice que citar ese salto le “produce terror”. La Produnova lleva el nombre de la gimnasta que realizó el salto por primera vez, la rusa Yelena Serguéyevna Produnova (Rostov, 1980), un prodigio de fuerza y agilidad que compitió en Atlanta 1996 y Sidney 2000.
Chusovitina iba a consumar el inicio de su retirada como abanderada de la delegación de Uzbekistán que desfiló en la ceremonia inaugural de los juegos. Pero los problemas la persiguen hasta el final. Horas antes el Comité Olímpico de su país le comunicó que no llevaría la bandera, sin darle más explicaciones. El último conflicto de la gimnasta, al parecer tiene origen en los celos institucionales de los miembros del comité uzbeko ya que Chusovitina, tras su retirada, está postulada para ser elegida nueva miembro del COI, junto a otros atletas históricos. Sin embargo, para una sobreviviente de la Guerra Fría no parece este un obstáculo, solo una mancha que le ensombrece el vestido de despedida. A Chusovitina le queda la gloria.