Jesús fue muy claro al decir que la oración y el ayuno son el antídoto contra la incredulidad, porque son disciplinas que expanden nuestro ser interior, sujetan y afligen nuestra alma, y llevan a sujeción y obediencia a nuestro cuerpo.La oración y el ayuno tienen la capacidad de despertar nuestros sentidos espirituales y traerlos al orden y gobierno del Espíritu Santo; tiene la capacidad de confrontar lo terrenal, la carne y sus deseos; el objetivo final es lo que dice