Ríos de besos donde pescar caricias encadenadas a una mirada oculta,
mares de lagrimas arrancadas a una tristeza cansada de estar triste,
olvido lejano que se presenta por la espalda y te desclava una palabra,
recuerdo de un verso traducido al idioma de los sentimientos hundidos.
Y busco el lado oscuro de la verdad acogiendo su fragancia en una melodía,
derramo el café con sal que bebió la esperanza y encontró una duda suspendida,
que volvía con retraso de un viaje sin retorno acurrucado en el dolor,
acomodado en una nube ingrata que perdió la luz en el túnel de la soledad.
Dichosos los ojos que encuentran y dichosos los labios que se pierden,
baile de sentimientos que resbalan por la piel en armonioso vaivén,
cultivando caricias que se clavan en el alma al ritmo lento de un tren,
despedida cruel de un te quiero atacado por un te amo con desdén.
Y se volvió la culpa, encuentro desesperado con un mártir del amor,
que buscaba los azotes de unos labios dibujados en su espalda,
arrodillado al borde de la boca que escupe fuego en palabras despistadas,
que no duelen pero matan, que no hieren pero te desangran el corazón.
Salio al encuentro de la mentira y tropezó con la vida escrita en sueños,
cuentos narrados desde el acantilado de unos ojos apagados en un soplo,
volvió de buscar la verdad de una caricia olvidada en un desencuentro
y volvió a soñar que la vida es un segundo y se desangra en las manecillas de un reloj.
Duele el susurro de un pensamiento a la deriva de un te quiero,
como espinas de cosquillas clavadas en la espalda de un pecho que se agita,
como dagas en forma de besos desclavados de una muerte cansada de morir,
duele y el dolor se dibuja en el cielo como un fuego nacido del infierno.15_09_2013
Se descalzo de Dios y sus pies temblaron de frio ardiente,
se desvistió de espíritu y su alma se precipito al vacío de la nada,
se desnudo de amor y su corazón estallo atormentadamente,
se desvelo de los sueños y su vida se caso con una pesadilla encantada.
Duelo de besos desgastados y un disparo de palabras que nos hiere,
que nos rasga la piel y un adiós sin despedida que volverá en el pasado,
duelo de miradas y dos bocas que escupen por detrás,
volver a empezar de un te quiero hundido que no supo nadar.
Desde la nada se escupió un prefijo adjunto a la calavera de su mirada,
donde el fulgor desesperado acometió la batalla de un olvido descuidado,
de un orgullo malherido que no despertó con el amanecer de las palabras,
que sufrió la represalia de los versos maditos de un poeta de circunstancias.
Despertó el alba a media noche, justo cuando murió el crepúsculo
y una gota de lluvia desafiaba a una lagrima a un duelo de tristezas,
donde la soledad disparaba al aire de un suspiro, el comienzo del final,
falleciendo en el futuro de un pasado que volvió para no quedarse en el ayer.
Condeno el delito de besar los besos prohibidos a mil años de amargura
y fue su cautiverio un eslabón de cadenas amarrados a sus labios,
darle libertad al beso, darle aire de regreso a la boca de hechizos rotos,
abrir las puertas del cielo y que se haga pecado en el rojo carmesí de un deseo.