Nuestra lucha no es contra personas humanas, contra personas de carne y hueso, ni tampoco es una lucha contra Dios, como algunos erróneamente piensan. Nuestra oración no es una lucha con Dios hasta conseguir lo que deseamos.
Nuestra lucha no es contra personas humanas, contra personas de carne y hueso, ni tampoco es una lucha contra Dios, como algunos erróneamente piensan. Nuestra oración no es una lucha con Dios hasta conseguir lo que deseamos.