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Este es el episodio 69 del podcast Cualquiercosario de @carlosvitesse, publicado el 23 de abril de 2026. Puedes dejar comentarios de texto y audio en este enlace.
Soy Carlos Vites y esto es Cualquier Cosario. Anoche estaba escuchando a RFoc42 presentando a Solete, su nuevo gato, y me hizo recordar a uno que tuvimos en casa. Mi mujer se lo había encontrado abandonado, recién nacido, en la puerta del trabajo, y le pusimos dos nombres y después nos reíamos de la cara que ponía la gente cuando le presentábamos a Carlos Francisco. Y teníamos vecinos que también tenían gatos. El de la izquierda se llamaba Sancho, que era buenísimo y jugaba con el nuestro, pero el de la derecha, al que le decían gato, así nomás, era un demonio de cuatro patas. Venía todos los días reventado el tipo de pelearse con perros y lo que fuera, y hasta tenían que darle puntos por el tamaño de las heridas, que además se le infectaban porque no se dejaba tocar y mordía incluso a los dueños que le daban de comer. Y sé que es difícil de creer, pero nunca había visto una cosa igual, un animal con una mirada tan intimidante que realmente parecía la reencarnación de un psicópata asesino.
By Carlos VitesseEste es el episodio 69 del podcast Cualquiercosario de @carlosvitesse, publicado el 23 de abril de 2026. Puedes dejar comentarios de texto y audio en este enlace.
Soy Carlos Vites y esto es Cualquier Cosario. Anoche estaba escuchando a RFoc42 presentando a Solete, su nuevo gato, y me hizo recordar a uno que tuvimos en casa. Mi mujer se lo había encontrado abandonado, recién nacido, en la puerta del trabajo, y le pusimos dos nombres y después nos reíamos de la cara que ponía la gente cuando le presentábamos a Carlos Francisco. Y teníamos vecinos que también tenían gatos. El de la izquierda se llamaba Sancho, que era buenísimo y jugaba con el nuestro, pero el de la derecha, al que le decían gato, así nomás, era un demonio de cuatro patas. Venía todos los días reventado el tipo de pelearse con perros y lo que fuera, y hasta tenían que darle puntos por el tamaño de las heridas, que además se le infectaban porque no se dejaba tocar y mordía incluso a los dueños que le daban de comer. Y sé que es difícil de creer, pero nunca había visto una cosa igual, un animal con una mirada tan intimidante que realmente parecía la reencarnación de un psicópata asesino.