De espíritu libertario y con profundas convicciones sobre el respeto a la dignidad humana, Alejandra nos lleva de la mano en este episodio a través de sus andanzas como historiadora desde que llegó a Yucatán en 1974 como exiliada política proveniente del norte, en un México que en muchos aspectos nada tiene que ver con el de hoy, pero que en otros, lamentablemente sigue igual.
En estos años ha acompañado e impulsado procesos de revitalización y rescate del pensamiento, filosofía y ética maya, tanto desde la academia como en proyectos comunitarios a través del estudio del Popol Vuh con la población maya actual.
Como ella señala, "encontrarse con su cultura produce mucho gozo, porque el colonialismo es sumamente doloroso y durante años de discriminación y violencia no han podido mirarse y reconocerse como mayas".