Mientras los Valar estaban festejando para perdonar los rencores entre los elfos, Fëanor y Fingolfin hicieron las paces. Melkor y Ungoliant, se dirigieron hacia los árboles para clavarles su negra lanza. Ungoliant bebió de su savia hasta dejarlos secos por completo y el mundo quedó sumido en la oscuridad